viernes, 22 de enero de 2010

Condena por matar un hijo con dano celebral



El caso de Inglis hizo recordar el de Terri Schivao (en la foto), desconectada de un ventilador tras 41 años en estado vegetativo.







Condena por matar un hijo con daño cerebral
Familiar deploró la pena por “valiente acto de amor”


El caso de Inglis hizo recordar el de Terri Schivao (en la foto), desconectada de un ventilador tras 41 años en estado vegetativo.
AGENCIA EFE
Londres -Una madre británica que inyectó por compasión una dosis letal de heroína a su hijo, que sufría una lesión cerebral irreversible, fue condenada en Londres a cadena perpetua.
Frances Inglis, de 57 años, justificó su acción explicando que sentía que no tenía más remedio que liberar a su hijo, Thomas, del “infierno en vida” que suponía su estado vegetativo.
Inglis, madre de tres hijos, estaba en libertad condicional después de haber intentado antes matar a Thomas, cuando se registró en noviembre de 2008 bajo una identidad falsa en el centro donde el joven fue hospitalizado.
La mujer admitió el hecho, pero dijo que actuó sólo por compasión. Los miembros del jurado la consideraron culpable por una mayoría de 10 a dos, informó la prensa británica. El juez, Brian Barker, mientras, dijo que, con independencia de cuál fue su intención, se trató de un asesinato.


La familia de la mujer pidió la revisión del caso, después de que el juez emitió su condena a perpetuidad y le manifestó que tendría que pasar un mínimo de nueve años en la cárcel.
El veredicto suscitó gritos de “vergüenza” de la galería ocupada por el público en el tribunal londinense de Old Bailey.
A las puertas del tribunal, el hijo mayor de Inglis, Alex, de 26 años, defendió a su madre y dijo que había actuado sólo “por amor” hacia su hermano.
“Toda la familia y la novia de Tom apoyamos totalmente a mi madre. Todos los que amaban a Tom y se sentían cerca de él no consideran lo que ha hecho un asesinato, sino un valiente acto de amor”, afirmó Alex.
Thomas Inglis sufrió graves lesiones cerebrales tras saltar en julio de 2008 de una ambulancia y golpearse la cabeza contra el suelo.
Había participado en una pelea a las puertas de un negocio y se había roto el labio, pero no quería que lo llevaran al hospital.
Últimamente había mostrado una ligera mejoría, pero seguía necesitando cuidados continuos y su madre, que se estaba formando como enfermera, no quiso creer el pronóstico alentador de uno de los médicos.
Diez días después de la hospitalización de Thomas, su madre trató sin éxito causar la muerte de su hijo, pero eventualmente lo logró. “Lo sostuve en mis brazos, le dije que le quería. Cogí una jeringa y le inyecté en los muslos y el brazo. Le dije que todo iría bien”, relató en el juicio Inglis.

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